La Eneida
La Eneida y el Otris nevado; les abre paso en su marcha
la selva inmensa y se apartan con gran ruido las ramas.
Y no faltó el fundador de la ciudad de Preneste,
de quien toda edad ha creÃdo que nació ya rey de Vulcano
entre los agrestes ganados y se le encontró delante del fuego,
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Céculo. Le acompaña agreste y numerosa legión:
los guerreros que habitan la elevada Preneste y los de los campos
de Juno Gabina y el helado Anio y rociados de arroyos
los peñascos hérnicos y cuantos alimentas, rica Anagnia,
y los tuyos, padre Amaseno. No a todos ellos les suenan
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las armas, los escudos o los carros; la parte mayor dispara
bolas grises de plomo, otra parte lleva dos flechas
en la mano y tienen la cabeza protegida