La Eneida
La Eneida con cascos rubios de piel de lobo; dejan huellas desnudas
con el pie izquierdo y cuero crudo el otro les cubre.
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Y allá va Mesapo, domador de caballos, prole de Neptuno,
a quien nadie puede abatir con hierro o con fuego;
llama de pronto a las armas a pueblos ha tiempo ociosos
y a ejércitos sin costumbre de guerras y empuña de nuevo la espada.
Aquí están las tropas de Fescenio y los ecuos faliscos,
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éstos habitan los alcázares del Soracte y los campos flavinios
y de Címino el lago, con su monte, y los bosques capenos.
Marchaban igualados en número y cantando a su rey:
como los cisnes de nieve entre nubes transparentes
cuando vuelven de comer y de sus largos cuellos