La Eneida
La Eneida 120
Se quedó Palante estupefacto, asombrado de gloria tamaña.
"Desciende, seas quien seas -dice-, y en presencia de mi padre
habla y entra como huésped en nuestros penates."
Y le recibió con sus manos y le estrechó la diestra en un abrazo;
andando se meten en el bosque y abandonan el río.
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Habla entonces Eneas al rey con palabras de amigo:
"El mejor de los griegos, a quien quiso Fortuna que yo suplicase
y le tendiera los ramos atados con las cintas sagradas,
no he sentido miedo alguno, porque seas jefe de dánaos y arcadio,
ni porque por tu estirpe estés unido a ambos Atridas;
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que a mí mi propio valor y los santos oráculos de los dioses