La Eneida
La Eneida 305
Después, cumplidos los oficios divinos todos juntos
a la ciudad vuelven. Iba el rey vencido por su edad,
y llevaba a Eneas a su lado de compañeros y a su hijo
al caminar y hacía grata la marcha con amena charla.
Se asombra Eneas y lleva sus ojos dispuestos por cuanto
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le rodea, cautivo del lugar, alegre por todo
pregunta y escucha las historias de los antepasados.
Y en eso el rey Evandro, fundador de la ciudadela romana:
"Estos bosques habitaban los Faunos del lugar y las Ninfas
y una raza de hombres surgida de los troncos y la dura madera;
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carecían de cultura y de tradición, ni uncir los toros
ni amontonar riqueza sabían o guardar lo ganado,
que las ramas y una caza mala de lograr les alimentaba.