La Eneida
La Eneida desde lo alto; con tal terror todo Egipto y los indos,
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toda la Arabia, todos los sabeos sus espaldas volvían.
A la misma reina se veía, invocando a los vientos,
las velas desplegar y largar y largar amarras.
La había representado el señor del fuego pálida entre los muertos
por la futura muerte, sacudida por las olas y el Yápige;
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al Nilo, enfrente, afligido con su enorme cuerpo
y abriendo su seno y llamando con todo el vestido
a los vencidos a su regazo azul y a sus aguas latebrosas.
Mas César, llevado en triple triunfo a las murallas