La Eneida
La Eneida romanas, consagraba un voto inmortal a los dioses itálicos,
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trescientos grandes santuarios por la ciudad entera.
vibraban las calles de alegrÃa y de juegos y de aplausos;
en todos los templos coros de madres, aras en todos;
ante las aras cayeron a tierra novillos muertos.
Y él mismo sentado en el nÃveo umbral del brillante Febo
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agradece los presentes de los pueblos y los cuelga de las puertas
soberbias; en larga hilera avanzan las naciones vencidas,
diversas en lenguas y en la forma de vestir y de armarse.
Aquà la raza de los nómadas habÃa labrado MulcÃber
y los desnudos africanos; aquà los léleges, carios y gelonos
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con sus flechas; iba luego el Éufrates con corriente más calma,