La Eneida
La Eneida Dijo, y con alas iguales se levantó hasta el cielo
y trazó a su paso bajo las nubes un arco enorme.
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La conoció el joven y alzó a las estrellas sus palmas
gemelas y con estas palabras la siguió en su huida:
"Iris, gloria del cielo, ¿quién te hizo bajar de las nubes
a la tierra para mí? ¿De dónde este brillante
prodigio repentino? Veo el cielo por la mitad abierto
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y el vagar de los astros por su bóveda. Sigo señal tan grande,
quienquiera que a las armas me convocas." Y dicho esto,
se agachó hasta el agua y líquido bebió de su superficie
implorando a los dioses, y el éter llenó de promesas.
Y ya todo el ejército marchaba en campo abierto