La Eneida
La Eneida se dice que la misma madre de los dioses Berecintia
así habló al gran Jove: "Concédeme, hijo, lo que te pide
tu madre querida puesto que has domeñado el Olimpo.
Hay una selva de pinos que he amado muchos años,
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un bosque sagrado en lo alto de la roca donde llevaban las ofrendas,
oscuro de negros pinos y de ramas de arce.
Gustosa se lo di al joven dardanio, cuando una flota
precisaba; ahora un temor angustioso me inquieta.
Líbrame de miedo y permite a tu madre esto poder con sus preces:
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que no las desarbole ruta alguna ni sean vencidas
por las tempestades, que de algo les valga el ser hijas de nuestras montañas."
Así le respondió el hijo que hace girar las estrellas del cielo:
"Oh, madre mía, ¿a dónde llamas a los hados? ¿Qué pides para ellas?
¿Que tengan ley inmortal unas naves que manos mortales