La Eneida
La Eneida sangrando a borbotones; de negra sangre la tibia tierra
y los lechos se empapan. Y así con Lámiro y Lamo
y con el joven Serrano que mucho había jugado
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aquella noche, de hermosa figura, yyacía con el cuerpo
vencido del mucho vino: dichoso él si hubiera igualado
a la noche con su juego y lo hubiera llevado al amanecer;
como un león hambriento moviéndose entre los llenos rediales
(como le pide su loca hambre), devora y arrastra
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al tierno ganado mudó de espanto y ruge con boca cruenta.
No menor fue la matanza de Euríalo; también él encendido,
loco se vuelve y se lanza en medio de un gran grupo