La Eneida
La Eneida 320
Por aquí está el camino. Tú, para que ningún grupo pueda alzarse
a nuestras espaldas, vigila y observa de lejos;
voy a sembrar la muerte abriéndote con ello ancho sendero."
Así dice y sofoca su voz al tiempo que ataca con la espada
al orgulloso Ramnete, que en mullidos tapices andaba
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echado y sueño respiraba de todo su pecho,
rey a la vez que gratísimo augur del rey Turno,
aunque no pudo con su augurio librarse de la muerte.
Acaba a su lado con tres sirvientes que yacían tranquilos
entre sus armas y con el escudero de Remo y con el auriga bajo sus propios
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caballos sorprendidos, y corta con la espada los cuellos colgantes.
Luego le arranca al dueño mismo la cabeza y deja su cuerpo