La Eneida
La Eneida pero rápidamente acuden a la vez todos los hombres del campo
y no se atreve Juno, la hija de Saturno, a darle en su contra
fuerzas bastantes, pues Júpiter mandó a la aérea Iris
desde el cielo llevando a su hermana órdenes terminantes,
si Turno no salía de las altas murallas de los teucros.
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Y es que no resiste ya el joven ni con el escudo
ni con su diestra, así se ve acosado por los dardos
que le arrojan por doquier. De repicar no cesa en sus huecas
sienes el casco y se rajan por las piedras los sólidos bronces,
y ha perdido los penachos y en su cabeza no aguanta el escudo
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los golpes; redoblan sus disparos los troyanos
y el propio Mnesteo, como un rayo. Corre el sudor entonces