La Eneida
La Eneida por todo su cuerpo y forma (respirar ya no puede)
un río de pez, un doloroso jadeo sacude sus miembros agotados.
Así que, finalmente, se arrojó al río de cabeza
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con todas sus armas. Él en su amarillo remolino
lo acogió al caer y lo sacó fuera sobre plácidas olas,
y feliz lo devolvió a sus compañeros, limpio de sangre.