La Eneida
La Eneida 50
Mía es Amatunte, más la alta Pafos y Citera
y las moradas ¡dalias: que abandone las armas y pueda
pasar aquí sus años sin gloria. Manda que Cartago
aplaste a Ausonia con gran poder; nada estorbará entonces
a las ciudades tirias. ¿De qué ha servido evitar de la guerra
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la peste y haber escapado entre las llamas argivas,
y haber pasado tantos peligros en el mar y la vasta tierra
mientras buscan el Lacio los teucros y una Pérgamo renacida?
¿No habría sido mejor establecerse en las postreras cenizas de la patria
y en el solar en el que Troya estuvo? Devuélveles, te pido,
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el Jano y el Simunte, pobres de ellos, y concede a los teucros, padre mío,