La Eneida
La Eneida los barcos y el mar llenarse por completo de naves.
Le arde el yelmo en la cabeza y deja caer de lo alto
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su llama el penacho y gran fuego vomita el escudo de oro.
No menos que cuando lúgubres enrojecen en la noche
limpia los cometas de sangre o el ardor de Sirio,
el que trae a los mortales enfermos la sed y los morbos
nace y entristece con siniestra luz el cielo.
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Sin embargo, no abandonó su confianza al bravo Turno
en ocupar primero la playa y arrojar de tierra a los que llegaban:
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"Aquí está lo que pedisteis con vuestros votos, aplastarlos con la diestra. 279
El propio Marte está en manos de los hombres. Acordaos ahora
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