La Eneida
La Eneida con luz madura y había puesto en fuga a la noche;
ordena al punto a sus aliados seguir sus órdenes
y que dispongan su ánimo para las armas y se apresten al combate.
Y tiene ya a la vista a los teucros y su campamento
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de pie en lo alto de su popa, cuando alzó en la izquierda
el escudo de fuego. Lanzan un grito a los astros
los Dardánidas desde los muros, nueva esperanza sus iras enciende,
arrojan dardos con la mano como cuando bajo negras nubes
hacen señales las grullas estrimonias y rompen el éter
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con sus graznidos y evitan los Notos con clamor gozoso.
Y asombroso parece todo esto al rey rútulo y los jefes
ausonios, hasta que pueden ver vueltos hacia la costa