La Eneida
La Eneida 245
Asà dijo, y al retirarse empujó con la diestra la alta
nave con gran habilidad: escapa ella entre las aguas
más veloz que una lanza y que la flecha que alcanza a los vientos.
Después las demás aceleran la marcha. Nada sabiendo atónito se queda
el troyano AnquisÃada, mas levanta su ánimo con el augurio.
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Entonces suplica brevemente mirando la bóveda del cielo:
"Alma Madre Idea de los dioses que el DÃndimo amas
y las ciudades llenas de torres y los leones uncidos bajo el yugo:
tú eres ahora mi guÃa en la lucha; cúmpleme con bien
el augurio y asiste a los frigios, diosa, con pie favorable."
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Sólo esto dijo, y entretanto corrÃa ya el dÃa de nuevo