La Eneida
La Eneida luego que calentó su filo. Y mira cómo va contra los caballos
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de la cuadriga de Nifeo y el pecho que se le enfrenta.
Y ellos, cuando le vieron acercarse gritando
horriblemente, se volvieron de miedo y, retrocediendo,
derriban al auriga y hacen volar su carro hacia la costa.
De pronto se interponen Lúcago y Líger, su hermano,
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sobre una blanca biga; el hermano gobierna los caballos
con las riendas, Lúcago voltea fiero la espada desnuda.
No aguantó Eneas a quienes con hervor tan grande se enfurecían;
llegó corriendo y enorme se mostró con la lanza dispuesta.
A él Líger: