La Eneida
La Eneida Le derribó entonces y apoyando encima su lanza y su pie:
"Parte no despreciable de la guerra, soldados, yace el alto Orodes."
Gritan con él sus compañeros siguiendo sus voces de triunfo,
y el otro a su vez, muriendo: "Vencedor seas quien seas,
no te alegrarás mucho sin que sea yo vengado; hados iguales
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te están aguardando y ocuparás pronto este mismo suelo."
Y a él Mecencio, con sonrisa mezclada de ira:
"Muere tú de momento. En cuanto a mí, el rey padre
de dioses y hombres verá." Esto diciendo arrancó la lanza de su cuerpo.
Un duro descanso cayó sobre los ojos de Orodes y un sueño
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de hierro, se apaga su luz para una noche eterna.
Cédico a Alcátoo mata, Sacrátor a Hidaspes
y Rapón a Partensio y a Orses durísimo de fuerzas,