La Eneida
La Eneida fugitiva o un ciervo que asoma con sus cuernos,
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gozoso abre su enorme boca y eriza las crines y se clava
en las vísceras cayendo de lo alto; baña la boca feroz
la negra sangre;
así cayó raudo Mecencio en lo más denso del enemigo.
Acrón, infeliz, cae abatido y al morir golpea la negra tierra
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con sus talones y llena de sangre las armas quebradas.
Y no creyó Mecencio oportuno matar a Orodes
cuando huía ni hacerle con su lanza ciega herida;
salió corriendo a su encuentro y, de hombre a hombre,
le hizo frente mejor que con engaños con armas valerosas.
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