La Eneida
La Eneida sino que le atacan de lejos con lanzas y gritos seguros.
No de otro modo, de los que dirigen su justa ira contra Mecencio
ninguno osa enfrentársele con las armasen la mano,
715
y de lejos le retan con sus disparos y con gran griterío.
Mas él, impávido, hacia todas partes vacila
rechinando los dientes y sacude las lanzas de su escudo.
Acrón había venido de las antiguas tierras de Córito,
hombre griego, dejando en su huida sin cumplir una boda.
720
Cuando lo vio a lo lejos perturbando el centro de la línea,
rojo en las plumas y en la púrpura de la esposa pactada,
como el león hambriento que merodea a menudo entre altos apriscos
(pues se lo pide su vesánica hambre), si llega a ver una cabra