La Eneida
La Eneida Pálida Tisífone se enfurece en medio de tantos millares.
Mecencio, por fin, blandiendo su enorme lanza,
avanza por el campo como un torbellino. Grande como Orión
cuando anda abriéndose camino por las aguas
sin fondo de Nereo y saca el hombro de las olas
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o con añoso tronco que cogió en lo alto de los montes
avanza por tierra ocultando su cabeza entre las nubes;
tal se presenta Mecencio con vastas armas.
En su contra se dispone a marchar Eneas, que de lejos
lo ha visto en la formación. El otro impertérrito se planta
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aguardando al magnánimo enemigo y en pie con su gran mole,
y luego que midió con la vista el alcance que la lanza precisaba:
" ¡Mi diestra, mi único dios, y el dardo que a lanzar me dispongo