La Eneida
La Eneida me asistan ahora! Voto hacer de ti, Lauso, un trofeo
revistiéndote con los despojos que arranque de Eneas,
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del ladrón." Dijo, y de lejos disparó su lanza
estridente. Ella, volando, rebotó en el escudo y, lejos,
se fue a clavar entre el costado ylos ijares del egregio Antor,
de Antor el compañero de Hércules que enviado por Argos
se había unido a Evandro y en la ciudad ítala se había instalado.
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Cae el desgraciado por la herida de otro y al cielo
mira y recuerda la dulce Argos mientras se muere.
Lanza entonces su dardo el piadoso Eneas, que atraviesa
el cavo círculo de triple bronce, las capas de lino y el trabajo
tejido de tres pieles de toro y en lo profundo se asienta