La Eneida
La Eneida con el nombre de su raza patria, en los campos del Gárgano yápige.
Luego que se nos introdujo y hablar pudimos con libertad
delante de todos, ofrecemos los regalos, decimos el nombre y la patria,
quiénes habían iniciado la guerra, qué motivos a Arpos nos llevaban.
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Con plácida boca así repuso él a cuanto oía:
"Pueblos afortunados, oh, reinos de Saturno,
ausonios venerables. ¿Qué fortuna os solicita
en vuestra paz y os persuade a emprender guerras desconocidas?
Cuantos violamos los campos de Ilión con el hierro
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(omito todo lo que realizamos guerreando al pie del alto muro
y los héroes que arrastra aquel Simunte) hemos pagado todos
infandos suplicios por el mundo y los castigos del crimen nuestro,
grupo que hasta a Príamo daría pena; lo sabe el triste astro