La Eneida
La Eneida de Minerva y los escollos de Eubea y el vengador Cafereo.
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De aquella milicia, arrojados a distintas playas,
Menelao el Atrida pasa su exilio en las columnas
de Proteo y ha visto Ulises a los Ciclopes del Etna.
¿He de hablar del reino de Neoptólemo y los Penates arrasados
de Idomeneo? ¿De los locros, hoy habitantes de la costa libia?
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El propio micénico, el general de los grandes aqueos
cayó a la puerta de su casa a manos de su esposa
maldita: a la vencida Asia acechaba un adúltero.
¿Y cómo no quisieron los dioses que, de regreso a las aras de la patria,
pudiera yo vera mi anhelada esposa y la bella Calidón?
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Aún hoy continúan de horrible visión los portentos
y los amigos desaparecidos buscaron el éter con sus plumas