La Eneida
La Eneida 910
y escuchó el ruido de los pasos y el relinchar de los caballos.
Y al punto entraran en combate e intentaran la lucha,
si no bañase ya el purpúreo Febo sus cansados caballos
en el agua de Hiberia, y, al pasar el día, trajese la noche.
Plantan ante la ciudad sus campamentos y atrincheran las murallas.
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