La Eneida
La Eneida Entretanto la crudelísima noticia alcanza a Turno
en los bosques y refiere Acca al joven el enorme desastre:
deshechas las tropas de los volscos, muerta Camila,
los enemigos se les echaban encima y con la ayuda de Marte
con todo acababan y llevaban ya el miedo a las murallas.
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Él, fuera de sí (y así lo demanda la voluntad cruel de Júpiter),
abandona el asedio de los montes, deja los ásperos bosques.
Apenas había salido de su atalaya y ocupaba la llanura,
cuando el padre Eneas entró en los desfiladeros libres
y franquea las alturas y sale de la umbrosa selva.
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Ambos, así, se dirigen rápidamente a los muros
con todo su ejército y no se llevan mucha ventaja;
y a la vez Eneas vio a lo lejos el hervor
del polvo de los campos y el ejército laurente,
y al terrible Eneas reconoció Turno entre sus armas