La Eneida
La Eneida entregan la vida, acribillados. Otros cerraron las puertas
y no se atreven a abrir paso a sus amigos ni en las murallas
a recibir a los que suplicaban, y se produce penosísima matanza
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de quienes defendían con armas los accesos y quienes contra las armas se lanzaban.
Rechazados ante los propios ojos de sus padres llenos de lágrimas,
caen unos rodando de cabeza en los fosos empujados
por la aglomeración; otros, ciegos, a galope tendido
se lanzan contra las puertas y los duros postes atrancados.
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Las propias madres en desesperado intento desde los muros
(así se lo señala el verdadero amor a la patria, al ver a Camila)
arrojan temblando dardos con sus manos y remedan el hierro
con troncos de dura madera y palos afilados al fuego
y se arrojan, y arden por ser las primeras en morir por su muralla.
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