La Eneida
La Eneida buscan lo seguro, y, retirándose, huyen a caballo a las murallas.
Y nadie hay ya capaz de enfrentarse a los teucros que acosan
y les llevan la muerte, con flechas o cuerpo a cuerpo;
llevan en los lánguidos hombros arcos flojos,
y el casco de los cuadrúpedos bate a la carrera el llano polvoriento.
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Llega a los muros una negra nube de polvo
removido y desde las torres las madres se golpean el pecho
y lanzan a los astros del cielo un clamor de mujeres.
Quienes, corriendo, irrumpieron los primeros por las puertas abiertas,
a ésos les acosa la turba enemiga en formación confusa
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y no escapan de una muerte desgraciada, y en el mismo umbral,
en las murallas de la patria junto al refugio de sus casas,