La Eneida
La Eneida hay en el Lacio otras muchas sin casar y en los campos laurentes,
que no desmerecen por su linaje. Deja que cosas no fáciles de decir
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descubra sin engaños y graba ala vez esto en tu corazón:
no me estaba permitido unir a mi hija con ninguno de los antiguos
pretendientes, y asà lo anunciaban todos los dioses y los hombres.
Vencido por tu amor, vencido por la sangre emparentada
y por las lágrimas de mi afligida esposa, rompà todos los vÃnculos;
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dejé a mi yerno sin su prometida, empuñé armas impÃas.
Ves por ello, Turno, qué azares a mà me persiguen
y qué guerras, cuántas fatigas eres el primero en sufrir.
Dos veces vencidos en un gran combate, defendemos apenas en la ciudad
las esperanzas Ãtalas; se calientan de nuevo las aguas del TÃber