La Eneida
La Eneida 35
con nuestra sangre y blanquean de huesos las grandes llanuras.
¿A dónde me dejo llevar una y otra vez? ¿Qué locura me hace cambiar de idea?
Si, desaparecido Turno, dispuesto estoy a aceptarlos por aliados,
¿por qué no evito mejor el combate cuando aún vive?
¿Qué dirán mis parientes rútulos, qué el resto
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de Italia si a la muerte (¡la fortuna desmienta mis palabras!)
te entrego, pretendiente de mi hija y de nuestra boda?
Estudia las alternativas de la guerra, ten piedad de tu anciano
padre a quien hoy, afligido, separa de ti la lejana
patria Árdea." En modo alguno se abate la violencia de Turno