La Eneida
La Eneida sonoros (a ella Júpiter, el alto rey del éter,
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le concedió este honor al arrancarle la virginidad):
"Ninfa, gloria de los ríos, gratísima a nuestro corazón,
sabes cómo a ti sola entre todas las latinas cuantas
subieron al ingrato lecho del generoso Júpiter
te he preferido y te he dado con gusto un lugar en el cielo.
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Aprende, Yuturna, y no me acuses, tu propio dolor.
Hasta donde Fortuna parecía consentir y las Parcas dejaban
que las cosas fueran bien para el Lacio, he protegido a Turno y tus murallas.
Ahora veo que el joven se enfrenta a hados desiguales
y se acerca el día de las Parcas y la fuerza enemiga.
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