La Eneida
La Eneida de perlas, y una doble corona de oro y de gemas.
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Cumpliendo a toda prisa cubría Acates el camino a las naves.
Pero la Citerea nuevas mañas, nuevos planes urde
en su pecho, para que con la caray el cuerpo del dulce Ascanio
Cupido se presente y encienda con sus regalos
la pasión de la reina, y meta el fuego en sus huesos.
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Y es que teme a una casa ambigua y a los tirios de dos lenguas;
la abrasa feroz Juno y aumenta por la noche su cuidado.
Así que con estas palabras se dirige al alígero Amor:
"Hijo mío, mi fuerza, mi gran poder, el único
que despreciar puede los dardos tifeos de tu excelso padre,
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