La Eneida
La Eneida Pidió en ese momento la reina una pesada pátera de oro
y de gemas y la llenó de vino puro, como Belo y todos
desde Belo solían; luego se hizo el silencio en la sala:
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"Júpiter, pues dicen que está a tu cargo el derecho de hospitalidad,
ojalá permitas que sea éste un día alegre para los tirios y cuantos
salieron de Troya, y que de él se acuerden nuestros descendientes.
Que nos asista Baco, dispensador de goces, y Juno benigna;
y vosotros, tirios, celebrad esta reunión con alegría."
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Dijo, y libó sobre la mesa la ofrenda del vino
y, hecha la libación, lo probó la primera con los labios apenas;