La Eneida
La Eneida Éste, luego que se colgó de los brazos y el cuello de Eneas
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y colmó el gran amor de su falso padre,
busca a la reina. Ella con los ojos, con su corazón todo
se le prende y lo atrae a su pecho ignorante Dido
de qué dios terrible se le sienta, desdichada. Y él recordando
a su madre Acidalia, a borrar poco a poco a Siqueo
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comienza y trata ya de cambiar con el amor de un vivo
su corazón ha tiempo apagado y un pecho no acostumbrado.
Tan pronto se descansó en el banquete y quitaron las mesas,
disponen grandes crateras y coronan los vinos.
Llena el bullicio la mansión y resuenan las voces por los amplios
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salones; cuelgan encendidas las lámparas del dorado
artesón y derrotan las antorchas con su llama a la noche.