La Eneida
La Eneida reparten en cestas y paños ofrecen de flecos cortados.
Dentro hay cincuenta criadas a cuyo cuidado está la provisión
ordenada de las viandas y quemar perfumes a los Penates;
otras cien y otros tantos servidores de la misma edad
705
para colmar de viandas las mesas y servir las copas.
No faltan tampoco los tirios, que en gran número acuden
al alegre palacio; se les pide descansar en cojines bordados
y admiran los regalos de Eneas, admiran a Julo,
el rostro resplandeciente del dios y sus fingidas palabras,
710
y el vestido y el velo bordado de acanto azafrán.
En especial la infeliz fenicia, rendida a la perdición que acecha,
no puede saciar su corazón y se abrasa mirando,
y por igual la emocionan los presentes y el muchacho.