Candido. Micromegas. Zadig
Candido. Micromegas. Zadig De lo que les sucedió a Cándido y a Martín en el mar
EL viejo sabio, que se llamaba Martín, embarcó pues hacia Burdeos con Cándido. Uno y otro habían visto mucho y sufrido mucho; y aunque la nave hubiera tenido que navegar desde Surinam hasta el Japón por el Cabo de Buena Esperanza, hubieran tenido comentarios sobre el mal físico y el mal moral para todo el viaje.
Sin embargo Cándido tenía gran ventaja sobre Martín, pues seguía con la esperanza de volver a ver a la señorita Cunegunda, y Martín no tenía nada que esperar; tenía además oro y diamantes, y aunque había perdido cien grandes carneros rojos cargados con los mayores tesoros de la tierra, aunque estuviera todavía dolido de la canallada del patrón holandés, sin embargo, cuando pensaba en lo que le quedaba en los bolsillos, y cuando hablaba de Cunegunda, sobre todo al final de la comida, se inclinaba entonces por el sistema de Pangloss.
«Pero vos, señor Martín, le dijo al sabio ¿qué pensáis de todo esto? ¿Cuál es vuestra idea sobre el mal moral y el mal físico? —Señor, contestó Martín, mis sacerdotes me han acusado de ser sociniano; pero la verdad del asunto es que soy muy maniqueo. —Os burláis de mí, dijo Cándido; ya no hay maniqueos en el mundo. —Estoy yo, dijo Martín; qué le voy a hacer, no puedo pensar de otro modo. —Tenéis que tener metido el diablo en el cuerpo, dijo Cándido.
