Candido. Micromegas. Zadig
Candido. Micromegas. Zadig De lo que a Cándido y a Martín les aconteció en Francia
CÁNDIDO se detuvo en Burdeos sólo el tiempo necesario para vender algunos pedruscos de Eldorado, y para hacerse una buena silla de dos plazas, pues no podía prescindir ya de su filósofo Martín; sólo le disgustó mucho separarse de su carnero, al que dejó en la Academia de Ciencias de Burdeos[1], la cual propuso como tema del premio de aquel año averiguar por qué la lana de aquel carnero era roja; y se adjudicó el premio a un sabio del norte, que demostró que A, más B, menos C dividido por Z, que el carnero tenía que ser rojo y morir de viruelas.
Entretanto, todos los viajeros que Cándido encontró en las tabernas del camino le decían: «Vamos a París.» Esta general diligencia le dio al fin ganas de ver aquella capital; no era desviarse mucho de su camino a Venecia.
Entró por el arrabal de Saint-Marceau, y creyó estar en el pueblo más feo de Vestfalia.
