Candido. Micromegas. Zadig

Candido. Micromegas. Zadig

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPÍTULO XXVI

De una cena que hicieron Cándido y Martín con seis extranjeros, y de quiénes eran

UNA noche, Cándido, seguido de Martín, se iba a sentar a la mesa con los extranjeros que residían en la misma hospedería, cuando un hombre con cara color de hollín le abordó por detrás y, cogiéndole del brazo, le dijo: «Estad listo para partir con nosotros, no faltéis.» Se vuelve, ve a Cacambo. Sólo el ver a Cunegunda podía haberle asombrado y gustado más. A punto estuvo de volverse loco de alegría. Abraza a su querido amigo. «¿Cunegunda está aquí, sin duda? ¿dónde está? Llévame hacia ella, que con ella muera de alegría. —Cunegunda no está aquí, dijo Cacambo, está en Constantinopla. —¡Oh! ¡cielos! ¡en Constantinopla!, pero aunque estuviera en China, voy volando, partamos. —Partiremos después de cenar, prosiguió Cacambo; no puedo deciros más; soy esclavo, mi dueño me espera; tengo que ir a servir la mesa: no digáis ni una palabra; cenad, y estad listo.»

Cándido, con dolor y alegría, encantado por haber vuelto a ver a su fiel agente, extrañado por verle esclavo, lleno de la idea de volver a ver a su amada, el corazón preocupado, el espíritu conturbado, se sentó a la mesa con Martín, que veía a sangre fría todas aquellas aventuras, y con los extranjeros que habían ido a Venecia a pasar el carnaval.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker