Candido. Micromegas. Zadig

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EL PERRO Y EL CABALLO

ZADIG comprobó que el primer mes de matrimonio, como está escrito en el libro de Zend[1], es la luna de miel, y que el segundo es la luna de ajenjo. Poco después tuvo que repudiar a Azora, demasiado intratable ya, y buscó la felicidad en el estudio de la naturaleza. «No hay mayor ventura, decía, que la de un filósofo que lee en ese gran libro que Dios ha puesto ante nuestros ojos. Las verdades que descubre son suyas: alimenta y eleva su alma, vive tranquilo; nada teme de los hombres, y su tierna esposa no viene a cortarle la nariz.»

Convencido de ello, se retiró a una casa de campo a orillas del Eúfrates. Allí no se entretenía en calcular cuántas pulgadas de agua corrían en un segundo bajo los arcos de un puente, o en si caía una fracción cúbica más de agua en el mes del ratón que en el del cordero. No ideaba hacer seda con telarañas, ni porcelana con botellas rotas, sino que estudió sobre todo las propiedades de animales y plantas, y adquirió pronto una sagacidad que le descubría mil diferencias allí donde los otros hombres no ven más que uniformidad.



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