Candido. Micromegas. Zadig
Candido. Micromegas. Zadig ZADIG quiso consolarse, con la filosofía y la amistad, de los males que le había causado la fortuna. Tenía en las afueras de Babilonia una casa adornada con gusto, en la cual reunía todas las artes y placeres dignos de un caballero. Por la mañana, su biblioteca estaba abierta a todos los sabios; por la noche su mesa lo estaba a la buena compañía, pero pronto conoció lo peligrosos que son los sabios: se suscitó una gran disputa sobre una ley de Zoroastro, que prohibía comer grifo[1]. «¿Cómo prohibir el grifo, decían los unos, si no existe tal animal? —Pues tiene que existir, decían los otros, puesto que Zoroastro no quiere que se coma.» Zadig quiso ponerlos de acuerdo diciéndoles: «Si hay grifos, no los comamos; si no los hay, menos aún los comeremos; y así obedeceremos a Zoroastro.»
