Candido. Micromegas. Zadig

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EL BANDIDO

AL llegar a la frontera que separa a la Arabia pedregosa de Siria, cuando pasaba cerca de un castillo bastante bien fortificado, salieron de él unos árabes. Se vio rodeado; le gritaban: «Todo lo que tenéis nos pertenece, y vuestra persona pertenece a nuestro amo.» Zadig, como contestación, sacó la espada; su criado, que tenía valor, hizo otro tanto. Dejaron muertos en el suelo a los primeros árabes que les pusieron la mano encima; se duplicó su número: no se extrañaron, y resolvieron perecer combatiendo. Se veía a dos hombres defenderse contra una muchedumbre; semejante combate no podía durar mucho. El dueño del castillo, llamado Argobad, habiendo visto desde una ventana los prodigios de valor que hacía Zadig, deseó conocerle. Bajó apresuradamente, y vino él mismo a apartar a sus gentes y a libertar a los dos viajeros. «Todo lo que pasa por mis tierras es mío, dijo, así como todo lo que encuentro en las tierras de los demás; pero vos me parecéis hombre tan esforzado que os eximo de la ley general.» Le hizo entrar en su castillo, mandando a sus criados que lo trataran bien; y, por la noche, Argobad quiso cenar con Zadig.




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