Candido. Micromegas. Zadig
Candido. Micromegas. Zadig A pocas leguas del castillo de Argobad, se encontró junto a un riachuelo, deplorando sin tregua su destino, y viéndose como dechado de desgracia. Vio a un pescador echado en la orilla, sosteniendo apenas con mano lánguida la red, a la que parecía abandonar, y que alzaba los ojos al cielo.
«Soy ciertamente el más desdichado de todos los hombres, decía el pescador. He sido, todos lo reconocían, el mercader de queso fresco más célebre de Babilonia, y me han arruinado. Tenía la mujer más linda que hombre de mi condición poseer pudiera, y me ha traicionado. Me quedaba una pobre casa, la he visto saqueada y destruida. Refugiado en una cabaña no tengo más recurso que la pesca, y no cojo ni un pez. ¡Ay red, ya no te echaré al agua, a mí me toca echarme!» Diciendo estas palabras se levanta, y avanza con el ademán decidido del hombre que va a precipitarse y acabar con su vida.
