Candido. Micromegas. Zadig
Candido. Micromegas. Zadig AL llegar a una hermosa pradera, vio a varias mujeres que buscaban algo con gran diligencia. Se tomó la libertad de acercarse a una de ellas y de preguntarle si podÃa caberle el honor de ayudarlas en su búsqueda. «Guardaos de hacerlo, contestó la siria; lo que buscamos sólo puede ser tocado por mujeres. —Muy extraño es, dijo Zadig; ¿me dais licencia para preguntaros qué es lo que sólo a las mujeres les está permitido tocar? —Es un basilisco, dijo. —¡Un basilisco, señora! ¿y por qué razón, os lo ruego, buscáis un basilisco? —Es para nuestro dueño y señor Ogul, cuyo castillo veis a orillas de este rÃo, al cabo de la pradera. Somos sus muy humildes esclavas; el señor Ogul está enfermo; su médico le ha recetado comer basilisco cocido en agua rosa; y como es un animal muy poco frecuente, y que sólo se deja coger por mujeres, el señor Ogul ha prometido escoger por esposa amada a aquella que le lleve un basilisco: dejadme buscar, os lo ruego, pues ya veis lo que me costarÃa que una de mis compañeras se me anticipara.»
