Candido. Micromegas. Zadig

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CAPÍTULO XVIII

Lo que vieron en el país de Eldorado

CACAMBO le manifestó al hospedero toda su curiosidad; el hospedero le dijo: «Soy muy ignorante, y no me va mal; pero tenemos aquí a un anciano retirado de la corte que es el hombre más sabio del reino, y el más comunicativo.» Enseguida llevó a Cacambo a casa del anciano. Cándido ya no tenía el papel principal y acompañaba a su criado. Entraron en una casa muy modesta, puesto que la puerta sólo era de plata, el revestimiento de las paredes sólo de oro, pero labrado con tanto gusto que ni los más ricos desmerecía. La antecámara sólo estaba, a decir verdad, incrustada de rubíes y esmeraldas; pero el orden con el que todo estaba arreglado, bien compensaba esta extrema sencillez.

El anciano recibió a los dos extranjeros en un sofá acolchado con plumas de colibrí, y mandó que les trajeran licores en vasos de diamantes; tras lo cual satisfizo su curiosidad en estos términos:



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