Cándido
Cándido Uno que no habia sido bautizado, un buen anabantista, llamado Santiago, testigo de la crueldad y la ignominia con que trataban á uno de sus hermanos, á un ser bípedo y sin plumas, que tenia alma, se le llevó á su casa, le limpió, le dió pan y cerbeza, y dos florines, y ademas quiso enseñarle á trabajar en su fábrica de texidos de Persia, que se hacen en Holanda. Candido, arrodillándose casi á sus plantas, clamaba: Bien decia el maestro Panglós, que todo estaba perfectamente en este mundo; porque infinitamente mas me enternece la mucha generosidad de vm., que lo que me enojó la inhumanidad de aquel señor de capa negra, y de su señora muger.
Yendo al otro dia de pasco se encontró con un pordiosero, cubierto de lepra, los ojos casi ciegos, carcomida la punta de la nariz, la boca tuerta, ennegrecídos los dientes, y el habla gangosa, atormentado de una violenta tos, y que á cada esfuerzo escupia una muela.