Cándido
Cándido Hecho el escrutinio de todos los libros, baxáron al jardín, y Candido alabó mucho todas sus preciosidades. No hay una cosa de peor gusto, dixo Pococurante, aquí no tenemos otra cosa que fruslerías; bien es que mañana voy á disponer que me planten otro por un estilo mas noble.
Despidiéronse en fin ámbos curiosos de Su Excelencia, y al volverse á su casa dixo Candido á Martin: Confiese vm. que el señor Pococurante es el mas feliz de los humanos, porque es un hombre superior á todo quanto tiene.
¿Pues no considera vm., dixo Martin, que está aburrido de quanto tiene? Mucho tiempo ha que dixo Platon que no son los mejores estómagos los que vomitan todos los alimentos. ¿Pero no es un gusto, respondió Candido, criticarlo todo, y hallar defectos donde los demas solo perfecciones encuentran? Eso es lo mismo, replicó Martin, que decir que es mucho gusto no tener gustos. Segun eso, dixo Candido, no hay otro hombre feliz que yo, quando vuelva á ver á mi Cunegunda. Buena cosa es la esperanza, respondió Martin.
Corrian en tanto los dias y las semanas, y Cacambo no parecia, y estaba Candido tan sumido en su pesadumbre, que ni siquiera notó que no habian venido á darle las gracias fray Hilarion ni Paquita.