Cándido
Cándido Zaféme con mucho trabajo de tanta multitud de sangrientos cadáveres amontonados, y llegué arrastrando al pié de un naranjo grande que habia á orillas de un arroyo inmediato: allí me caí rendida del susto, del cansancio, del horror, de la desesperacion, y del hambre. En breve mis sentidos postrados se entregáron á un sueño que mas que sosiego era letargo. En este estado de insensibilidad y flaqueza estaba entre la vida y la muerte, quando me sentí comprimida por una cosa que bullia sobre mi cuerpo; y abriendo los ojos, vi á un hombre blanco y de buena traza, que suspirando decia entre dientes: O che sciagura d'essere senza cogl….