Cándido

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Capítulo 16 Donde se da cuenta de los sucesos de nuestros dos caminantes con dos muchachas, dos ximios, y los salvages llamados Orejones.

Ya habian pasado las barreras Candido y su criado, y todavía ninguno en el campo sabia la muerte del jesuita tudeseo. El vigilante Cacambo no se habia olvidado de hacer buen repuesto de pan, chocolate, jamon, fruta, y botas de buen vino, y así se metiéron con sus caballos andaluces en un pais desconocido, donde no descubriéron sendero ninguno trillado: al cabo se ofreció á su vista una hermosa pradera regada de mil arroyuelos, y nuestros dos caminantes dexáron pacer sus caballerías, Cacambo propuso á su amo que comiese, dándole con el consejo el exemplo. ¿Cómo quieres, le dixo Candido, que coma jamon, después de haber muerto al hijo del señor baron, y viéndome condenado á no volver á mirar á la bella Cunegunda? ¿Qué me valdrá el alargar mis desventurados años, debiendo pasailos léjos de ella en los remordimientos y la desesperacion? ¿Qué dirá el diarista de Trevoux?






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