Cándido
Cándido Navegáron por espacio de algunas leguas entre riberas, unas veces amenas, otras áridas, aquí llanas, y allá escarpadas. El río se iba continuamente ensanchando, y al cabo se encañaba baso una bóveda de espantables breñas que escalaban el cielo. Tuviéron ámbos caminantes la osadía de dexarse arrastrar de las olas debaxo de esta bóveda; y el río, que en este sitio se estrechaba, se los llevó con horroroso estrépito y no vista velocidad. Al cabo de veinte y quatro horas viéron otra vez la luz; pero la canoa se hizo añicos en los baxíos, y tuviéron que andar á gatas de uno en otro peñasco una legua entera: finalmente avistáron un inmenso horizonte cercado de inaccesibles montañas. Todo el pais estaba cultivado no ménos para recrear el gusto que para satisfacer las necesidades; en todas paftes lo útil se maridaba con lo agradable; víanse los caminos reales cubiertos, ó por mejor decir ornados de carruages deforma elegante y luciente materia, y dentro mugeres y hombres de peregrina hermosura: tiraban con raudo paso de estos carruages unos avultados carneros encarnados, muy mas ligeros que los mejores caballos de Andalucía, Tetuan y Mequinez.