Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Los hugonotes, sin duda, se han embriagado de fanatismo, y manchado de sangre como nosotros: pero la generación presente ¿es tan bárbara como sus padres? La época, la razón que ha hecho tantos progresos, los buenos libros, la templanza de la sociedad ¿no han penetrado nada en quienes conducen el espíritu de esos pueblos? ¿Y no nos damos cuenta de que casi toda Europa ha cambiado de rostro desde hace unos cincuenta años? El Gobierno se ha fortificado por todas partes, mientras que las costumbres se han suavizado. La Policía general, apoyada por fuerzas armadas numerosas y permanentes, no permite además temer el retorno de esos tiempos anárquicos, en los que campesinos calvinistas combatían contra campesinos católicos, reclutados apresuradamente entre las siembras y las siegas.
A otros tiempos, otros cuidados. Hoy sería absurdo diezmar la Sorbona porque en otros tiempos presentara un requerimiento para que se quemase en la hoguera a la Doncella de Orleans; porque declarase a Enrique III desprovisto del derecho a reinar; porque lo excomulgase; porque proscribiera al gran Enrique IV. No se buscará, sin duda, a los otros cuerpos del reino que cometieron los mismos excesos en esos tiempos de frenesí; ello sería no solamente injusto sino que sería una locura como la de purgar a todos los habitantes de Marsella porque tuvieron la peste en 1720.